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arquitextos ISSN 1809-6298


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Lorena Marina Sánchez e Mariana Fernandéz Oliveira discutem questões acerca do patrimônio urbano latino-americano, alertando para a compreensão da valorização do "patrimônio modesto" a partir da história social e da arquitetura


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SÁNCHEZ, Lorena Marina; OLIVERA, Mariana Fernández. Patrimonio modesto en movimiento:. Diálogos urbanos entre historia social y arquitectura. Arquitextos, São Paulo, año 08, n. 093.03, Vitruvius, feb. 2008 <http://vitruvius.es/revistas/read/arquitextos/08.093/167/es>.

Introducción

El tejido doméstico de las ciudades latinoamericanas constituye un eje patrimonial que, aún hoy, desafía la creatividad de las disciplinas interesadas en su preservación dinámica (1). La joven producción arquitectónica y urbana latinoamericana, frente a la europea, ha recorrido un camino de dilapidaciones debido a múltiples factores, entre los cuales resultan relevantes las tardías valoraciones de las historias sociales y materiales propias, las prácticas experimentales de los planificadores urbanos modernos hasta 1970-80, las especulaciones inmobiliarias y el turismo descontrolado (2).

En una revisión histórica y patrimonial del siglo XX, es posible sintetizar un proceso paralelo y relacional entre historia tradicional-patrimonio monumental e historia social-patrimonios diversos. Desde la segunda mitad del siglo XX, se inició un camino de aperturas valorativas que se materializaron en los documentos internacionales y en las declaratorias e intervenciones realizadas. No sólo lo excepcional merecía reconocimiento, sino también las modestas construcciones constituyentes de la mayor parte del tejido de las ciudades. Esto tuvo su paralelismo desde la disciplina histórica, que comenzaba a orientar su mirada hacia los procesos y las fuentes intangibles (oralidades, gestualidades, fiestas, músicas, historias de vida, etc.).

En lo que respecta al recorte patrimonial modesto (3) argentino, la realidad resulta compleja, las acciones tardías y los bienes heterogéneos. Más aún en relación con los países latinoamericanos que cuentan con una mayor herencia prehispánica, donde la presencia de los bienes patrimoniales acrecentaron las actividades preservacionistas más tempranamente. La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, en funcionamiento desde 1940, recién ha abordado en 1984 la ampliación cronológica, social, material y de escala que incluye al patrimonio modesto. Asimismo, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios de 1964 estableció su comité nacional recién en 1973. En ese camino, se han producido importantes avances en las ciudades de Buenos Aires (especialmente con relación al tratamiento de las viviendas internas a las Áreas de Protección Histórica), Bahía Blanca (como los proyectos de preservación para el centro de dicha ciudad y las investigaciones desarrolladas hacia la conservación de las viviendas de madera y chapa de Ingeniero White), Tucumán (como los trabajos realizados para el patrimonio modesto del centro de la ciudad misma y de poblados históricos como Medinas) y Santa Fe (especialmente en lo referente a las pautas de intervención desarrolladas para las viviendas lineales o “casas chorizo”). Estos progresos, de los que se han mencionado los casos más relevantes, revelan un incipiente espacio de reflexión que se ha diseminado por las restantes provincias, ciudades y localidades nacionales.

Dentro de este panorama, el presente artículo se propone contribuir a la comprensión de la valoración del patrimonio modesto urbano desde la historia social y la arquitectura. En otras palabras; ¿cómo confluye la historia social y material en la valoración del patrimonio modesto de las ciudades latinoamericanas, especialmente en aquellas que no poseen una herencia prehispánica relevante? Para responder a esta pregunta se analizará el patrimonio modesto a través de un caso dentro de Argentina; la ciudad de Mar del Plata (4).

Mar del Plata y su patrimonio modesto

Mar del Plata reviste un particular desafío para el tratamiento de su patrimonio modesto, ya que resulta una ciudad con grandes ciclos de transformación y destrucción de sus bienes (5). El carácter turístico-estival con predominancia del mercado inmobiliario sobre la cultura, la distancia entre las investigaciones generadas y las prácticas patrimoniales, junto a una nula voluntad política para el cambio y la inconsistente concientización pública patrimonial, conforman sólo algunos ejemplos para comprender las dificultades existentes. Este permanente riesgo ha constituido – y constituye – una amenaza para la permanencia en el tiempo de su arquitectura, su cultura y su correspondiente identidad.

Fundada en 1874, sus comienzos se forjaron en relación con el mar, ya sea desde el arribo de sus pobladores inmigrantes o bien, desde su caracterización productiva y recreacional nacional. Así, la incipiente vinculación entre pampa y mar se pensó a través de un puerto. Recién entre fines del siglo XIX y principios del XX se produjeron nuevas miradas locales hacia las costas y el tránsito de una economía de producción hacia una economía de consumo, convirtiendo a Mar del Plata en la depositaria de la vida social y económica nacional. De esta manera, se comenzó a producir la metamorfosis del puerto en playa, bajo la potenciación de un nuevo imaginario. El arribo del tren en 1886 y la mirada orientada hacia los balnearios europeos, inauguraron un proceso histórico que convertiría a la ciudad marplatense en el icono argentino del turismo balneario.

En este comienzo, el punto inicial de confluencia puerto-balnearios marplatenses se produjo en el sector centro, posteriormente denominado Bristol en relación con su rambla más emblemática, que fue el lugar clave de intercambio pesquero y de un incipiente turismo balneario. Progresivamente, el paulatino desarrollo de la ciudad como centro turístico y portuario llevó a la formación de nuevos procesos urbanos, sociales y arquitectónicos que permitieron la generación del patrimonio modesto marplatense. Para su análisis, se indagarán dos sectores urbanos internos a dos barrios tradicionales; el barrio Puerto como testimonio de los primigenios procesos portuarios y el barrio La Perla como paradigma de los procesos balnearios (Imagen 1). De esta manera, se estudiarán las casillas de madera y chapa desarrolladas entre 1920 y 1950, y los chalets “estilo Mar del Plata” cuyo apogeo se sitúa entre 1930 y 1950.

1. Mar, pescadores, puerto y casillas de madera y chapa entre 1920 y 1950

Génesis de las casillas de madera y chapa

Las casillas de madera y chapa caracterizaron el desarrollo del tejido marplatense desde sus orígenes. Existieron de dos tipos; aquellas relacionadas con la actividad balnearia y compuestas por una amplia gama de construcciones ribereñas como hoteles, comercios, ramblas, vestuarios, etc.; y aquellas habitadas por los pobladores permanentes y asociadas a un hábitat más precario debido a su carácter provisorio (6).

Si nos remitimos a la génesis de las casillas marplatenses no podemos dejar de nombrar el hecho de que la ciudad contó con cuatro ramblas sucesivas, ubicadas en lo que se denominó sector Bristol, donde las tres primeras estuvieron construidas en madera, siendo un referente simbólico para las edificaciones de aquella época. Conviviendo con esa realidad balnearia se encontraban las viviendas de los pescadores, que representaron una imagen negativa tanto desde la seguridad y la higiene como desde aspectos estéticos (Imagen 2). En el marco de la antinomia ciudad puerto-ciudad veraniega, fueron un obstáculo para el desarrollo de las nuevas prácticas del ocio, siendo incompatibles con el anhelo de convertir a Mar del Plata en centro de veraneo de las clases altas porteñas. En 1905 el proyecto del Paseo General Paz obligó a trasladar estas construcciones, que en su mayoría no poseían título de propiedad, a barrios alejados del centro. Sin embargo, a pesar de la normativa vigente, la convivencia de ambos mundos continuó hasta la década del ´20.

En lo que respecta al tejido de la ciudad, en el período inicial muchas de las viviendas de la población permanente fueron casillas (7). En la medida que avanzaba el progreso las reglamentaciones tendieron a ampliar el radio de prohibición alejándolas del centro fundacional. Sin embargo, su permanencia se ocultó en el tejido con la construcción de falsas fachadas o ampliaciones en el frente que disimulaban su existencia. Para el año 1930 una buena cantidad de las viviendas de la periferia marplatense estaba construida en madera y chapa (8).

En el marco del proceso de industrialización del país, la arquitectura de ferrocarriles, puertos y mercados tuvo notable influencia en la incorporación y estandarización de materiales constructivos (en particular nos referimos a la chapa acanalada y la madera) utilizados en la totalidad de la vivienda. Estos materiales, provistos por fábricas europeas o estadounidenses primero, y nacionales después, fijarían medidas estándares que regirían el diseño de este tipo de viviendas de acuerdo a la factibilidad del transporte y la colocación. Si bien en el caso de Mar del Plata no hubo un desarrollo dominante de viviendas prefabricadas, ya que en su mayoría fueron autoconstruidas, no es un hecho menor el auge de la arquitectura industrial, pues los modelos de los catálogos de las empresas fueron repetidos por los sectores populares o por los maestros carpinteros constructores. Así, en el orden local la empresa Tiribelli Hnos. ofrecía catálogos de viviendas prefabricadas que estaban a la venta y que, aunque sus modelos eran mucho más sencillos que aquellos de las empresas extranjeras, fueron difundidos en el estrato popular de la población marplatense (Imagen 3).

Sin lugar a duda, hubo una reproducción de las construcciones industriales estandarizadas de ese momento de desarrollo del país influyendo en la adopción de este sistema constructivo en las viviendas de las clases populares. Por otro lado, las casillas han sido una de las respuestas al problema de la vivienda en el período de formación de las ciudades modernas argentinas respondiendo a las necesidades de la gran masa de inmigrantes que arribaron al país. En concordancia con el proceso de ampliación y urbanización de las ciudades, variados ejemplos de asentamientos se desarrollaron con este tipo construcciones. Entre ellos, cabe destacar los puertos de Buenos Aires, La Plata, Ingeniero White y Rosario.

El barrio Puerto y las casillas de madera y chapa

En las ciudades costeras, las áreas portuarias han definido barrios con características especiales de sus habitantes, actividades, sitos y arquitectura. El barrio Puerto de Mar del Plata surge en el marco del proceso de extensión de las ciudades producido entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Este “pueblo de pescadores” ha sido, y sigue siendo, una sección del ejido con rasgos diferenciales respecto al núcleo urbano marplatense. La propia actividad pesquera y la presencia de inmigrantes definieron ciertas peculiaridades del sitio y de la arquitectura y sus materiales de construcción a través de la producción de casillas de madera y chapa que dominaron el paisaje urbano hasta la década del cincuenta.

En 1909 el Gobierno Nacional autorizó la licitación para la construcción de un puerto en la ciudad. El grupo de pescadores que paulatinamente fue habitando el lugar estaba formado principalmente por inmigrantes italianos que arribaban a Mar del Plata como segundo o tercer destino luego de intentar radicarse en la capital o en zonas rurales y que se trasladaron a la ciudad como mano de obra para el tendido del ferrocarril. Los inmigrantes italianos, particularmente, tenían conocimiento en la actividad pesquera, ya que provenían de zonas marítimas. Como hemos visto, la presencia de este grupo se contrapuso al proyecto que buscaba darle a Mar del Plata el carácter de balneario elegante y aristocrático, desplazando a un sector que no coincidía con esa imagen de la ciudad. La construcción del puerto implicó el asentamiento definitivo de este grupo.

Con la instalación de la empresa constructora del puerto y la proximidad de las canteras, fue surgiendo un núcleo urbano que desde sus comienzos presentó una marcada diferencia con el centro de la ciudad marplatense. La falta de comunicación con el centro de la ciudad produjo un natural aislamiento ya que entre uno y otro existía una gran zona despoblada. Los mismos habitantes decían “vamos a Mar del Plata”, marcando una clara diferencia entre la ciudad y el barrio. Asimismo, no se incorporaría al ejido de la ciudad hasta 1948. Una vez más, el hábitat de los pescadores representaba la otra cara del balneario.

En sus orígenes, la ocupación fue más bien de carácter espontáneo y se constituyó en torno a las construcciones de la empresa constructora del puerto quien construyó los dos únicos edificios en material (piedra), sus oficinas centrales y una vivienda para personal. El obrador, sus talleres y otros dos grupos de viviendas para el personal junto al resto de las construcciones del barrio, eran casillas de chapa y madera: “...gran parte de ellas tenían galerías sobre la calle, con escalones, piso, barandas y columnas de madera y techos de chapa...” (9) y su imagen era asimilable a un pueblo del Far-West: “Esta población se ha improvisado junto al puerto. Es un caserío del Far-West.” (10) (Imagen 4).

En su distribución en planta, presentaban grandes similitudes con la casa chorizo, definidas a partir una sucesión de habitaciones perfectamente moduladas y articuladas a través de una galería cerrada, posibilitaban la ampliación por etapas y la flexibilidad de las habitaciones en concordancia con la inestabilidad de los sectores populares, satisfaciendo las necesidades inmediatas de alojamiento. El aspecto tecnológico adquirió un papel rector en el diseño a partir del respeto por una modulación que estaba acorde a las dimensiones de los materiales, la economía de los mismos y la posibilidad de crecimiento y acoplamiento de partes. La austeridad y racionalidad no sólo se reflejaba en la modulación en planta sino también en el sistema constructivo: un esqueleto de madera cuyo módulo estaba determinado por la medida de las chapas que revestían la vivienda. Un costo reducido de construcción – acorde con la economía de este sector social-, la facilidad de armado – que no requería mano de obra especializada-, y la posibilidad de traslado – por su característica desmontable y su bajo peso relativo – fueron aspectos que tuvieron notable influencia en la apropiación de estas viviendas (Imagen 5).

Con el tiempo, el discurso que promovía una imagen negativa para las casillas, se hizo extensivo hasta el mismo barrio Puerto, en la medida en que éste adquirió desarrollo económico y consolidación urbana. Al temer que lo transitorio se volviera permanente, se promovió en el imaginario social la relación estas casillas con aspectos antihigiénicos; sin embargo, lo que incomodaba a las autoridades era la imagen de precariedad que se contraponía al progreso anhelado para la ciudad y el barrio. Durante la década del ´40, se promovieron cambios sustanciales en la concepción de la vivienda popular portuaria como consecuencia de ese discurso. Así, comenzó una paulatina transformación desde sus aspectos aparentes.

Aquella antinomia puerto-ciudad veraniega continuó aún después del traslado de los pescadores. La formación histórica del área y su particular forma de relacionarse con el centro marplatense, la conformación social dominada por inmigrantes italianos que constituyeron una comunidad étnica singular y la definición material de un paisaje arquitectónico opuesto al aristocrático marplatense, hicieron – y hacen – de este sector parte de “otra” ciudad. Así, la continuidad de estas construcciones de madera y chapa determinó una imagen que los “diferenciaba” de la Mar del Plata turística. A pesar que el progreso del área interrumpió el desarrollo de un paisaje urbano originariamente homogéneo, existió una resistencia que permitió la permanencia hasta nuestros días de un importante número de estas casillas. Esa resistencia se verifica a simple vista; algunas se mantienen originales (Imagen 6), otras se trasladaron al fondo del lote detrás de una vivienda moderna y muchas se transformaron en “apariencia” con la incorporación de una falsa fachada (Imagen 7).

El barrio Puerto, único sector de Mar del Plata donde las casillas dominaron el paisaje urbano, sigue siendo un área de alto valor patrimonial. A pesar de las transformaciones sufridas, su valor histórico-simbólico con la construcción de diversos edificios singulares, sumado a su valor ambiental dado por la conformación de un tejido que aún conserva rasgos de aquella época primitiva, conforman el testimonio de un patrimonio representativo de la comunidad. Vemos entonces que mantuvo elementos que son referentes materiales de una sociedad. Así, a través del estudio y la valoración de su patrimonio modesto, a partir del análisis de sus componentes físicos, se puede sustentar la identidad de este sector de la ciudad. Las valoraciones, además de su aspecto testimonial, surgirán entonces de la conjunción de lo material-social a partir de los aspectos simbólicos.

2.Sol, arena, playa y chalets “estilo Mar del Plata” entre 1930 y 1950

Génesis del chalet “estilo Mar del Plata”

El chalet “estilo Mar del Plata” constituye el patrimonio modesto predominante en la ciudad referida. Así, es posible encontrarlo diseminado en todo el territorio marplatense desde su apogeo entre 1930 y 1950. Esta vivienda constituye un producto híbrido de combinaciones pintoresquistas donde prevalece la vertiente californiana, por lo que resulta necesario rastrear su génesis desde el pintoresquismo mismo, cuyos comienzos se remontan a la pintura paisajista europea del siglo XVII. Mediante la derivación de “pintoresco” como aquellas imágenes merecedoras de ser pintadas, se extiende a la concepción arquitectónica entre 1750 y 1850. A partir de su desarrollo europeo, el pintoresquismo se difunde a la Argentina cerca de 1880 como un estilo ecléctico, para alcanzar su punto de inflexión en 1930 y llegar a su ocaso en 1950.

Mar del Plata resultó uno de los ejes nacionales primigenios y fundamentales para el desarrollo pintoresquista. Los paisajes marítimos y la topografía de la ciudad presentaron un territorio ideal para el impulso de esta corriente arquitectónica. Más aún dentro de las posibilidades “latinas”, donde el estilo californiano permitía un amplio espectro de combinatorias desde un repertorio formal amplio y flexible.

Dos escalas de vivienda resultan imprescindibles para la comprensión del tejido pintoresquista marplatense; las villas como patrimonio monumental y los chalets como su contrapartida más modesta.

En el periodo 1880-1930, la presencia del pintoresquismo se articula con el comienzo del territorio marplatense como villa balnearia de los grupos dirigentes (11), especialmente desde la llegada del ferrocarril en 1886 y la emergencia de las nuevas prácticas sociales del ocio en relación con el mar. Así, las primeras residencias veraniegas pintoresquistas se edificaban como expresión de los valores de prestigio de sus comitentes. Para ello, el amplio repertorio estilístico permitía la individualidad y caracterización de cada propietario. En este sentido, las villas compusieron el primigenio paisaje pintoresquista monumental, desde una ideación disciplinar y culta – lo que implicaba la participación de arquitectos e ingenieros mayoritariamente extranjeros – para una clase social de alto poder económico y político. En 1920 se comienza paulatinamente el inicio de la democratización balnearia y el afianzamiento de la población estable. Así, se gesta una ciudad balnearia que promueve un equilibrio entre los intereses elitistas y los requerimientos de sectores sociales más amplios.

En el periodo 1930-1950 la ciudad balnearia se consolida y el turismo masivo comienza a hacer su aparición. De esta manera, la construcción de villas de acuerdo a las nuevas formas de vacacionar y habitar la ciudad estable no resultaba acorde a los cambios sucedidos. La crisis económica del ´30 no permitía a la burguesía nacional involucrar grandes capitales en las viviendas de veraneo y las nuevas burguesías devenidas del proceso inmigratorio requerían una nueva escala habitacional. La ciudad necesitó conjugar las villas monumentales antes mencionadas con los chalets de producción social disciplinar y culta junto a versiones no disciplinares – lo que implicó la participación de constructores e idóneos locales – para una nueva clase social media (Imagen 8). El paisaje pintoresquista monumental se enlazaba con un panorama más modesto que comenzaba a generar conjuntos urbanos con cierta homogeneidad por fuera del centro de la ciudad. Desde la inauguración de la Ruta 2 en 1938, que conectaba a la ciudad con la capital nacional, esta transformación se afianzó cerca de 1950. Así, el turismo masivo fomentado por las políticas nacionales junto a una población estable al servicio del balneario y la ciudad, promovieron la diseminación de un tejido híbrido con predominancia de pequeños chalets pintoresquistas pertenecientes a los grupos sociales medios. De la monumentalidad de las villas pintorescas iniciales a la vera del mar, se pasaba a la multiplicidad de chalets modestos que traducían sus símbolos y materialidades por toda la cuadrícula urbana. Estos chalets “estilo Mar del Plata” constituían bienes de uso y de cambio en función del habitante estable y del alquiler turístico veraniego, caracterizados por sus “...dimensiones moderadas, con partes de piedra y partes de revoque blanqueado, techado con tejas coloniales y un pequeño jardín al frente…” (12) y por el uso de la piedra “Mar del Plata” en sus revestimientos exteriores.

De esta manera, las traducciones acontecidas entre el patrimonio monumental y modesto, entendidas como prácticas constructivas y activas que recrean elementos del original y conforman una nueva creación, se presentaron en un triple sentido helicoidal: del pintoresquismo europeo al nacional, del nacional al local y finalmente, entre los bienes locales. Así, los chalets “estilo Mar del Plata” constituyeron una respuesta a la ciudad turística y a la ciudad estable de mediados del siglo XX, extendiéndose a otros centros veraniegos como las Sierras de Córdoba y siendo posible encontrarlos aislados o en grupos a lo largo de todo el país.

El barrio La Perla y el chalet “estilo Mar del Plata”

La Perla constituye uno de los núcleos principales donde se concentraron las primeras obras de Mar del Plata y por ende, aún es posible reconstruir la historia material y social que dio lugar a los chalets en análisis. Sus valores históricos, simbólicos y sociales caracterizan a este barrio como un referente comunitario representativo de la historia local, enunciados a través del apelativo “barrio y playas de los marplatenses”. Sus valores arquitectónicos residen en la posesión del patrimonio monumental más antiguo de la ciudad y el patrimonio modesto más variado, conjuntamente con un valor ambiental que reside en la topografía particular que presenta, conformada por barrancos, mar, arena y una de las dos lomas que califican la llanura marplatense. Así, estos valores implican un paisaje ideal para el desarrollo del chalet pintoresquista “estilo Mar del Plata”.

De esta manera, la historia urbana de La Perla nos permite indagar, de manera más cercana, las variables históricas sociales y materiales que dan valor al patrimonio modesto chaletero.

Al mismo tiempo que los alrededores de la playa Bristol compusieron el principal centro veraniego y comercial desde los comienzos de la ciudad, La Perla generó un polo de atracción norteño caracterizado como secundario, más tranquilo y modesto. Mientras que en el actual centro se consolidó la “villa balnearia porteña”, en el norte proliferó la “ciudad balnearia” y posteriormente se desarrolló el “turismo masivo” mencionado previamente. Aunque las diferencias entre la Bristol y La Perla no resultaron tan opuestas, sino más bien complementarias, la caracterización de la “otra” playa y el “otro” barrio con relación al núcleo central incidió en el imaginario colectivo. Asimismo, a diferencia del núcleo céntrico y sus comienzos portuarios, los orígenes de las actividades norteñas surgieron desde su carácter balneario (13). Es más, las primeras instalaciones en el barranco, especialmente un hotel llamado La Perla, generaron su denominación y permitieron el desarrollo comercial y habitacional, dando lugar a la ocupación del tejido barrial (Imagen 9).

Desde 1886 con el comienzo del balneario La Estrella Argentina, hasta 1934, cuando un incendio destruye la rambla, se gestaron las bases sociales y materiales de La Perla. En este lapso temporal, las redes familiares inmigrantes españolas, italianas e inglesas, dotadas de una visión de futuro y progreso, incursionaron en la naturaleza del barranco y el mar hacia el territorio. Muchas familias vivían en la rambla, preparándose para el verano y trabajando durante el periodo estival mediante la atención de huéspedes en sus viviendas (Imagen 10). Sin embargo, la lucha cotidiana contra los temporales y los incendios generaron una progresiva ocupación del tejido a través de la construcción de viviendas, hospedajes familiares o residenciales de bajas categorías, pequeños hoteles y comercios cercanos a la rambla. Asimismo, la población estable de la ciudad elegía este sector para radicarse, más tranquilo y cercano al centro donde prestarían sus servicios, mientras desarrollaban los pequeños comercios y talleres (carpinteros, zapateros, constructores, lavanderos) que proporcionaban una dinámica barrial propia (Imagen 11).

A partir de 1930-35 y hasta 1950, el incremento turístico y el consecuente aumento de población estable promovieron el desarrollo más importante del barrio. La trama comenzó a completarse y se realizaron nuevas aperturas de calles y avenidas, en paralelo al apogeo del chalet “estilo Mar del Plata”. Las imágenes de las villas se trasladarían y condensarían en la construcción de los chalets a través del trabajo de obreros e idóneos, producto de diversas razones. En primer lugar, su participación en la construcción de las primigenias villas pintoresquistas les permitió extrapolar conocimientos e imágenes, las cuales también estaban a su alcance desde las fotografías publicadas en las revistas, los catálogos y las secuencias cinematográficas norteamericanas donde se mostraba el estilo de vida suburbano. De esta manera, se mantuvo la utilización de la teja, los revoques blanqueados, la madera y particularmente, la piedra “Mar del Plata” que le dio nombre al chalet, en sus diferentes aparejos. Junto al diseño “descosido” con juegos volumétricos y yuxtaposiciones, sumado a las múltiples caídas de techos superpuestas, cobró particular relevancia el “porche” como elemento transicional entre el ámbito semipúblico signado por el jardín al frente y el privado. Asimismo, las chimeneas o los pequeños vitreaux en las puertas principales, configuraron un diseño de fachada particularmente ornamentado hacia una exacerbación de la pequeña domesticidad (Imagen 12 y 13). En segundo lugar, estos chalets permitían un doble beneficio; su uso y su renta, siendo este último aspecto relevante, más aún en el barrio La Perla por la tranquilidad y las playas que ofrecía a los veraneantes frente al turismo masivo. Ambos aspectos – la traducción villas/chalets y su carácter de bienes de uso/cambio – se forjaron mancomunadamente, especialmente cuando la imagen doméstica se había consolidado como el icono estival.

De esta manera, los procesos sociales encontraron una correspondencia con los procesos arquitectónicos chaleteros de la ciudad. Desde lo tangible y lo intangible, el chalet “estilo Mar del Plata” ha respondido – y responde – a una identidad local que surge desde su representación turística nacional.

Reproducciones y traducciones: procesos urbanos modestos

Entonces; ¿cómo confluye la historia social y material en la valoración del patrimonio modesto de las ciudades latinoamericanas, especialmente en aquellas que no poseen una herencia prehispánica relevante?

Las múltiples respuestas posibles implican una raíz común: la imprescindible consideración de los procesos sociales y materiales desde un diálogo urbano en un tiempo y un territorio determinado. Una confluencia que implica una amalgama urbana entre lo tangible y lo intangible, entre arquitectura e historia social.

En este sentido, se han explorado dos tipos de legados históricos presentes en una misma ciudad, conformadores de su identidad, cuyos valores ameritan su preservación dinámica y se perciben en la supervivencia de los bienes. Las casillas de madera y chapa, cuyos exponentes actuales se agrupan en el barrio Puerto, y los chalets “estilo Mar del Plata”, cuyos exponentes actuales se multiplican por toda la ciudad y conforman, a su vez, diversos focos de concentración como sucede en el barrio La Perla, fueron actores activos en los dos proyectos fundamentales de la ciudad; puerto y playas. Así, prevalecieron en diferentes etapas urbanas, con cruces espaciales y temporales. Curiosamente, este patrimonio modesto se gestó en la otredad espacial, en los “otros” sectores ciudadanos con respecto al centro marplatense donde se concentraba el interés y se desarrollaban los proyectos más ambiciosos. Paralelamente, al norte y al sur se continuaban los procesos herederos de los proyectos relegados, o bien, se generaban desarrollos no previstos. De esta manera, desde los procesos acontecidos en la móvil periferia histórica del centro marplatense se ha forjado el patrimonio modesto que hoy signa a la ciudad.

Finalmente, es imprescindible interpretar a los valores del patrimonio modesto como emergentes de procesos históricos sociales y materiales, para así iniciar su tratamiento dinámico desde este punto de partida, donde las acciones indirectas y directas, e incluso la posibilidad de permanencia o desaparición, resulten caminos que dignifiquen el pasado, el presente y el futuro.

notas

1
WAISMAN, Marina. El interior de la Historia. Bogotá, Escala, 1993, p. 139.

2
GUTIÉRREZ, Ramón. Transferencias, creatividad y rutina en los centros históricos de Iberoamérica. Políticas e improvisaciones. En NOVACOVSKY, Alejandro y VIÑUALES, Graciela (editores). Textos de cátedra – Maestría en Gestión e Intervención en el Patrimonio Arquitectónico y Urbano. Mar del Plata, FAUD – UNMdP, Volumen 2, 2003.

3
Existen diversas denominaciones para este patrimonio, todas éstas en relación con su doble escala de acción; la de las viviendas en sí mismas y la de los paisajes urbanos que éstas componen entre el presente y el pasado como expresión de la vida social. Así, este patrimonio se ha calificado como no monumental (como oposición a las características que identificaron a los bienes designados primeramente como patrimoniales, haciendo hincapié en su escala pequeña y corriente), anónimo (como conformador de tejidos que pasan desapercibidos a una mirada desatenta pero que se perciben ambientalmente), doméstico (según la función prioritaria de este patrimonio, la vivienda) y modesto (término que supera la simple antinomia utilizada en el concepto “no monumental” e incluye las características definidas para el término “doméstico”).

4
Es necesario destacar que, de acuerdo a la pregunta planteada, en el presente artículo sólo se abordan aspectos históricos referentes a la valoración del patrimonio modesto sobre los que aún no se han avanzado en el caso de Mar del Plata. Respecto a las políticas concretas de preservación, se han dejado como temática abierta para próximos artículos.

5
CACOPARDO, Fernando. La modernidad en una ciudad mutante. Vivienda, sociedad y territorio en la primera mitad del siglo XX. Mar del Plata, FAUD-UNMdP, 2003.

6
CACOPARDO, Fernando. Maderera (arquitectura). En LIERNUR, Jorge Francisco y ALIATA, Fernando (comp.). Diccionario de Arquitectura en la Argentina. Buenos Aires, Clarín, tomo I-N, 2004.

7
Según el Censo de 1881, de 282 viviendas, 121 eran casillas de madera. Según el Censo de 1895, de 1620 viviendas, 593 eran casillas y viviendas de adobe y paja.

8
COVA, Roberto. Mar del Plata. Sobre casillas y carpinteros. Revista DANA. Chaco, Región, Nº 11, 1981.

9
COVA, Roberto. Apuntes para una historia de la Arquitectura marplatense. Mar del Plata, FAUD/UNMDP, 1994, p. 54.

10
SOIZA REILLY, Juan José. Un pueblo del Far-West en Mar del Plata. Revista Caras y Caretas. Buenos Aires, 1922.

11
Según CACOPARDO, Fernando, el desarrollo de Mar del Plata presenta cuatro procesos de transformación urbana entre 1874 y 1950; del pueblo surgido como puerto y fundado sobre tierras privadas (1874 – 1880), a villa balnearia de los grupos dirigentes (1880 – 1920), para pasar a ciudad balnearia (1920 – 1935) y finalmente mutar a ciudad de turismo masivo (1935 – 1950). Op. cit. nota 4, p. 52 y 53.

12
BALLENT, Anahí. Chalé (Chalet). En LIERNUR, Jorge Francisco y ALIATA, Fernando, (ed.). Diccionario de Arquitectura en la Argentina, tomo C/D, Buenos Aires, Clarín, 2004, p. 69. Ver también COVA, Roberto y GÓMEZ CRESPO, Raúl. Arquitectura marplatense. El pintoresquismo. Resistencia, Instituto Argentino de Investigaciones de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo, 1982.

13
ZUPPA, Graciela. Construcciones y representaciones en los nuevos escenarios de la naturaleza costera: Mar del Plata norte en sus orígenes. En ZUPPA, Graciela, VELÁZQUEZ TORRES, David y ARRUDA, Gilmar (orgs.), Natureza na América Latina: apropiaçoes e representaçoes. Londrina, Universidade Estadual de Londrina, 2001, p. 77.

sobre los autores

Lorena Marina Sánchez, arquitecta y docente de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), alumna de la “Maestría en Intervención del Patrimonio Arquitectónico y Urbano” de la misma facultad y del “Doctorado en Arquitectura” de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la Universidad de Mendoza (UM).

Mariana Fernández Olivera, arquitecta y docente de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), alumna de la “Maestría en Intervención del Patrimonio Arquitectónico y Urbano” de la misma facultad y del “Doctorado en Arquitectura” de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la Universidad de Mendoza (UM).

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